Por Manuel Ludueña

La democracia es lenta porque escucha;

la tiranía es rápida porque no escucha.

Hannah Arendt

Como no alcanzaba “progreso”, “de punta”, “hay que crecer”, “hay que invertir”, “genera empleos” y otras expresiones que buscan ocultar, desde hace poco tiempo se usa el mote de “inteligente”, “ciudades inteligentes”, “autos inteligentes”. Todas buscan generar falsas creencias, meras ilusiones. Muchas de esas deidades, en aras de la eficiencia y la competencia, se justifican, reclaman y ejecutan mediante rápidas decisiones: “esta vez no se nos puede ir de las manos”, “es nuestra oportunidad” “ahora o nunca”. Así, es posible reconocer algunas similitudes locales: M1= privatiza por licitación simultáneamente todos los servicios públicos, M2= crea bonos nacionales a 100 años y, M3= aceleró la aprobación del RIGI y procura el Super RIGI y la habilitación a compras indiscriminadas de tierras en la cordillera y sobre cursos de agua. Rasgos complacientes, discrecionales y antidemocráticos.

Solo hechos consumados

Muchos actos se han realizado arbitrariamente: pruebas nucleares, producción de armas, asesinatos de Estados contra civiles, robo de peces, ocupaciones militares de territorios. Así como, autoridades que deciden localizaciones de actividades inapropiadas: enclaves de mineras, de petróleo, de áreas de riego, de bases militares, de puertos, de rutas, de hidrovia y una larga lista negra. Siempre tratan de lavar sus excreciones con Evaluaciones de Impacto Ambiental, con Audiencia Pública. ¿Para qué sirven? Para morigerar, nunca para deslocalizar. Una farsa vestida de democrática.

Enclave Industrial Digital

Los Data Center o Centros de Datos (CD), nuevos enclaves de esta década, no se instalan en el territorio como parte de la trama socioeconómica, sino para conectarse a una red global trasnacional. Ocupan físicamente un área, pero responden a dinámicas globales.

Un enclave tradicional se define por operar como en una “isla” dentro de una provincia/ país: extrae o procesa recursos locales para exportar al mercado global, dejando pocas repercusiones positivas en la comunidad de su entorno. Los CD, igual que las “islas”: utilizan bienes primarios como energía eléctrica masiva y millones de litros de agua para su refrigeración; emplean mucho personal para la fase de construcción, posteriormente, la dotación es muy baja, solo para mantenimiento y seguridad; coinciden en el aislamiento y la territorialidad rígida -cerrados, hiperseguros, opacos, sin interacción local-.

Despropósitos

La principal preocupación ciudadana y ambiental responde a la asimetría entre quienes deben asumir los costos ambientales y quienes aprovechan los bienes económicos.

La presión sobre un recurso crítico como el agua se origina en la refrigeración por evaporación que exige enormes volúmenes de agua potable o dulce; compitiendo a menudo con el consumo humano o agroganadero en zonas con estrés hídrico. Igualmente, la demanda energética es exponencial; el auge de la inteligencia artificial ha duplicado o triplicado las necesidades locales, satura las redes eléctricas e incide en el retraso del cierre de plantas de combustible fósiles para sostener dicha demanda.

Se delega soberanía digital para captar información pública, financiera o estratégica en servidores pertenecientes a corporaciones transnacionales sujetas solo a sus propias reglas y a las leyes de sus países de origen. También tienen un manejo de decisiones centralizadas en el CD, donde la operación o el eventual cierre del enclave, no depende de la planificación del municipio o del país anfitrión, sino de decisiones financieras corporativas globales.

La desconexión con el entorno local se evidencia en no generar cadenas de valor en el territorio donde se asientan, configurando una suerte de extractivismo de infraestructura: utiliza el suelo, el agua y la red local para sostener consumos y servicios digitales globales. También afecta con ruidos molestos e iluminación constante del medio y elevan la temperatura ambiente, en tanto obtienen beneficios fiscales, permisos de excepción, modifica las responsabilidades entre privados y Estado. Además, no son lugares donde se desarrolle tecnología ni donde se capacite a las personas.

Modernizar para asfixiar

Desde la perspectiva del funcionamiento del sistema globalizado actual, los centros de datos operan para constituirse en la columna vertebral de la sociedad contemporánea. Generando nuevas dependencias y condicionamientos al actuar sobre servicios esenciales, salud, redes bancarias, logísticas de alimentos, transporte, investigación científica, comunicaciones y administración pública. Operar donde la IA presiona sobre los empleos y cambios en el sistema de relaciones comunitarias.

En contraposición se aduce que la eficiencia técnica centralizada de procesar datos de manera masiva en instalaciones diseñadas específicamente resulta energéticamente más eficiente que una multitud de servidores locales; solo les interesa la lógica empresarial. También, que la infraestructura para la conectividad nacional suele incentivar la inversión en infraestructura, tendido de fibra óptica de alta velocidad, cables submarinos, mejoras en la estabilidad de las redes eléctricas locales, pudiendo beneficiarse otros sectores de la economía; dar prioridad a los CD implica incrementar las tarifas de agua y luz y aumentar el endeudamiento del país. Se celebran a sí mismos como el motor del nuevo paradigma tecnológico para el desarrollo de la investigación científica avanzada, el procesamiento de datos climáticos, la medicina de precisiones y las herramientas de automatización e inteligencia artificial; solo representan intereses neocoloniales rentísticos de acumulación extractivista.

Ruptura democrática

Ahoga la trama creciente de dependencia social e imposición territorial. Se manipula a la sociedad como si demandara conectividad instantánea y continua, para evitar el rechazo a una infraestructura física no requerida para hacerla posible algo que no es demandado. Los CD responden a sus necesidades para llegar e imponerse prontamente en el mercado global; ello conlleva adelantarse y evitar los debates democráticos.

Existe una fractura democrática al adoptarse decisión e imponerse sin información y sin consulta. La falta de transparencia solo produce opacidad. No puede actuarse en un sistema democrático mediante hechos consumados, donde la decisión se tome en despachos corporativos o acuerdos gubernamentales a puerta cerrada bajo promesas de “inversión” extranjera, “los CD generarán muchísimos empleos para nuestra juventud”, “derrame”, “progreso”. La ausencia de licencia social exige procesos participativos reales sobre si la población desea ceder sus recursos para la implantación de un CD o para ejercer el derecho a objetar o vetar la territorialidad de proyectos que amenazan sus medios de subsistencia. Incluso la población desconoce qué procesan: especulación financiera, entrenamiento de IA para publicidad, vigilancia de procesamiento de datos privados.

Es indispensable practicar una planificación democrática, con límites, supervisión socioambiental y con ejercicio pleno de soberanía de la población sobre los recursos locales.

Sin consentimiento no hay CD

Existe una clara contradicción entre lo que la población necesita para garantizar sus derechos básicos y lo que la infraestructura global consume y afecta al entorno como ya se ha señalado.

Desde una visión centrada en las necesidades reales de la gente (salud, vivienda, agua potable, alimentación, soberanía energética, ambiente sano), la única posible en comunidad de vida, los CD no pueden erigirse de forma unilateral, mediante modalidades de imposición. Es ineludible redefinir el debate por desmitificar el progreso tecnológico y subordinar cualquier instalación CD al consentimiento informado, la evaluación de impacto ambiental estricta previa evaluación de localización integral y la primacía de los derechos humanos y ecológicos sobre la acumulación de la capacidad de cómputo. Al decir de Paulo Freire,La justicia social no puede imponerse desde arriba; debe construirse con la gente y para la gente”.

Manuel Ludueña, julio 2026

Integrante de la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos,

de Encuentro Verde por Argentina,

del Movimiento Ecopolítico por el Buen Vivir

y de Abya Yala en Clave de Geopolítica.