Fundamentos para una nueva racionalidad política
La crisis que atravesamos no es solo ambiental, ni siquiera solo económica. Es una crisis civilizatoria: una falla estructural en la capacidad de nuestras sociedades para imponerse límites a su propia expansión material.
Este ensayo, publicado en seis Cuadernos autónomos, se propone comprender esa falla de regulación y, sobre todo, ofrecer herramientas para construir desde la acción colectiva una nueva racionalidad política —la razón ecosocial— capaz de reorganizar el metabolismo social dentro de los límites de la biosfera.
Los seis Cuadernos
Cuaderno 1 — Fundamentos teóricos y sistémicos
Metabolismo social, fractura metabólica, superideología productivista y la distinción decisiva entre homeostasis y modulación alostática. La brújula conceptual de todo el ensayo.
Cuaderno 2 — Diagnóstico: el agotamiento de la racionalidad productivista
La evidencia empírica del choque del metabolismo social contra los límites planetarios. La crisis convergente del sistema-mundo productivista.
Cuaderno 3 — Fundamentos filosóficos y políticos
La interdependencia como principio de inteligibilidad. Una ontología relacional que cuestiona el individualismo posesivo de la modernidad industrial y sitúa el cuidado como eje de una nueva racionalidad.
Cuaderno 4 — Política y transición
La democracia del metabolismo como mecanismo de modulación alostática. La transición justa como recalibración de los parámetros metabólicos. La construcción de mayorías ecosociales capaces de sostener políticamente esa transformación.
Cuaderno 5 — Herramientas, manifiesto y epílogo
El Manifiesto Ecosocial como horizonte normativo. El Protocolo de Evaluación de Impacto Metabólico y Territorial (PEIMT) como instrumento de diagnóstico y deliberación.
Cuaderno 6 — Diálogo con Gorz
Una relectura crítica de la obra de André Gorz para pensar la articulación entre ecología, autonomía y emancipación.
Cada Cuaderno es autónomo y puede leerse por separado. Pero todos ellos descansan sobre un mismo andamiaje conceptual y confluyen en una misma apuesta: construir, desde la conciencia de los límites, la capacidad colectiva de hacer de ellos condición de una vida más justa, más plena y más vivible para todas y todos.
La (Re) Verde
Julio de 2026
Nota sobre el método
El Ensayo Ecosocial que presentamos en estos seis Cuadernos tiene una particularidad que considero importante explicitar: fue elaborado en diálogo con distintos sistemas de inteligencia artificial —Claude, DeepSeek, ChatGPT y Gemini Notebook—, que me asistieron en el procesamiento de información, la revisión crítica de los argumentos, la detección de inconsistencias conceptuales y la edición de las versiones finales.
No hago esta aclaración como un gesto de transparencia meramente formal, ni como una defensa anticipada frente a una tecnología cuya irrupción sigue despertando entusiasmos y recelos. La hago porque el modo en que producimos conocimiento también forma parte de los problemas que este Ensayo intenta pensar. Si aquí sostengo que ninguna tecnología es neutral y que toda innovación debe ser evaluada por su inserción en un determinado metabolismo social, esa exigencia debe alcanzar también a las herramientas con las que este texto fue escrito.
Hace algún tiempo publiqué un artículo titulado ecologIApolítica, donde planteaba que la inteligencia artificial dista mucho de ser una tecnología inmaterial. Su funcionamiento depende de enormes consumos de energía, agua, minerales e infraestructura computacional, una materialidad que suele quedar oculta detrás de la metáfora de «la nube». Esa constatación sigue siendo, para mí, incuestionable. Precisamente por eso entendí que la cuestión no consistía en aceptar o rechazar la inteligencia artificial de manera abstracta, sino en preguntarnos bajo qué condiciones la utilizamos y hacia qué fines orientamos su uso.
Renunciar a estas herramientas no elimina la materialidad de nuestra actividad intelectual. También tienen huella ecológica la electricidad que alimenta una computadora, los servidores que almacenan este documento, las redes que permiten consultar bibliografía o intercambiar ideas a través de Internet. La cuestión nunca fue elegir entre un pensamiento material y otro inmaterial, porque esa opción sencillamente no existe. La verdadera pregunta es cómo ejercer responsablemente una práctica intelectual que inevitablemente se desarrolla dentro de un mundo tecnológicamente mediado.
La utilización de inteligencia artificial tampoco modifica la autoría de este Ensayo. Las hipótesis, los conceptos, la arquitectura argumental y las propuestas que aquí se desarrollan son el resultado de años de trabajo, de experiencia en la gestión pública, de militancia política y de una prolongada conversación con la tradición de la ecología política, la economía ecológica y el pensamiento crítico contemporáneo. La distinción entre homeostasis y modulación alostática, la Trilogía de lo Posible, el Protocolo de Evaluación de Impacto Metabólico y Territorial y las reinterpretaciones que aquí propongo pertenecen íntegramente a ese recorrido intelectual.
Lo que estas herramientas hicieron fue otra cosa. Aportaron velocidad para procesar información, ayudaron a mantener consistencia terminológica entre miles de páginas y, sobre todo, desempeñaron una función que terminé valorando más de lo que imaginaba: la de interlocutores críticos. Una inteligencia artificial puede señalar una contradicción entre dos capítulos, advertir un cambio inadvertido de terminología, pedir una definición más precisa o mostrar que una conclusión no se sigue necesariamente de las premisas. Ninguna de esas observaciones sustituye el pensamiento. Pero todas obligan a pensarlo mejor.
Al mismo tiempo, estas herramientas están lejos de ser infalibles. También producen errores, simplificaciones, afirmaciones inexactas e interpretaciones discutibles. Por esa razón, todas las decisiones conceptuales, la verificación de la información y la responsabilidad final por el contenido corresponden exclusivamente al autor. La inteligencia artificial participó como asistente de investigación, de edición y de revisión crítica; no como autora de este Ensayo.
Existe, además, una razón práctica que no conviene ocultar. No cuento con un equipo de investigación, asistentes editoriales ni una estructura académica capaz de sostener un proyecto de esta magnitud. En esas condiciones, la inteligencia artificial no fue un lujo tecnológico, sino una condición material que hizo posible llevar adelante un trabajo cuya escala difícilmente habría podido afrontar en soledad.
No considero que con estas aclaraciones desaparezca la tensión entre criticar una tecnología y utilizarla. Más bien creo que esa tensión expresa una característica propia de nuestro tiempo. La transición ecosocial no comienza cuando logramos situarnos fuera de las contradicciones del presente —un lugar que probablemente ya no exista—, sino cuando somos capaces de reconocerlas, hacerlas visibles y decidir conscientemente cómo habitarlas.
Si este Ensayo sostiene que ninguna sociedad puede expandir indefinidamente su metabolismo sin imponerse límites, también corresponde someter el propio método de trabajo a esa misma exigencia. Utilizar estas herramientas implica reconocer su huella ecológica, explicitar su participación en el proceso de escritura y asumir la responsabilidad por el modo en que se las emplea.
La pregunta que deja abierta este prólogo no es si la inteligencia artificial puede ayudarnos a pensar. La pregunta verdaderamente importante es otra: si seremos capaces de orientarla hacia formas de inteligencia colectiva que contribuyan a modular el metabolismo social y ampliar nuestra capacidad de deliberación democrática, en lugar de convertirla simplemente en un nuevo acelerador del mismo modelo civilizatorio cuya crisis este Ensayo procura comprender. Esa, a mi juicio, es una de las disputas intelectuales y políticas decisivas de nuestro tiempo.
Carlos Merenson
