La (Re) Verde
La Vía Navegable Troncal (VNT) del sistema Paraguay–Paraná es mucho más que el corredor que sostiene gran parte de las exportaciones agroindustriales del país. Es, ante todo, un gigante fluvial vivo, un ecosistema que alimenta la biodiversidad, la vida ribereña y el pulso hídrico del corazón sudamericano.
Sin embargo, una reciente auditoría de la Defensoría del Pueblo de la Nación revela un diagnóstico inquietante: los estudios oficiales que deberían garantizar una gestión responsable de esta infraestructura estratégica presentan fallas tan profundas que ponen en riesgo el futuro ambiental y social de la cuenca.
A continuación, presentamos las principales fallas críticas identificadas por la Defensoría. No se trata de tecnicismos: lo que está en juego es la salud del río, la seguridad de las comunidades y la orientación de un proyecto que podría hipotecar décadas del futuro del Paraná.
1. Cuando la línea de base comienza tarde
Los estudios ambientales adoptan un enfoque que desconoce casi 30 años de intervenciones: dragado permanente, rectificaciones del cauce, profundización de canales, alteración del lecho y sobrecarga de tráfico. En lugar de evaluar este proceso acumulado, los informes analizan únicamente los impactos “diferenciales” de las nuevas obras. Este recorte artificial naturaliza un nivel de degradación que ya es muy alto y, más grave aún, obstaculiza cualquier posibilidad de reparación.
2. La ausencia total del cambio climático
En pleno siglo XXI, los estudios ambientales de la Vía Navegable Troncal no incluyen ni un solo escenario climático futuro. Ni crecidas extraordinarias. Ni bajantes extremas. Ni variabilidad hidrológica acelerada.
Nada. Esto, en un río que vivió la bajante más severa en 77 años entre 2019 y 2022. Planificar infraestructura sin considerar el cambio climático es, hoy, una forma de negacionismo técnico. Afecta la navegación, los puertos, la fauna y la seguridad de millones de personas que dependen del río.
3. Una metodología opaca y sesgada
Las evaluaciones asignan puntuaciones a los impactos ambientales, pero no explican con qué criterios. No hay datos, no hay metodología trazable, no hay justificación técnica. Incluso más preocupante: los impactos negativos aparecen sistemáticamente minimizados, mientras que los supuestos beneficios recibieron calificaciones extraordinariamente altas, sin evidencia científica que los sostenga.
Es una ecuación que cierra solo para quien quiere mostrar un proyecto sin conflictos. Pero no para el río. Ni para las comunidades.
4. La vida ribereña como nota al pie
Los pescadores artesanales, los productores familiares, las comunidades isleñas y ribereñas —es decir, quienes viven del y con el río— aparecen como un tema marginal. Las medidas propuestas se limitan a “informar cronogramas”, como si avisar alcanzara para mitigar impactos sobre medios de vida frágiles y economías locales vulnerables. Tampoco se analiza el impacto del narcotráfico y la violencia asociada al corredor fluvial, un tema central en la vida cotidiana de amplias zonas del litoral. La Vía Navegable Troncal se proyecta como si el río fuera un espacio vacío. Pero no lo es.
5. No hay monitoreos, no hay ciencia
Los estudios se basan en bibliografía general, no en monitoreos actuales ni en relevamientos propios. No hay: estudios ictiológicos recientes, análisis bentónicos, series de biodiversidad, monitoreos independientes de largo plazo, datos que expliquen qué pasó con el Paraná después de casi tres décadas de intervención continua. Sin ciencia, cualquier afirmación de que “los impactos son neutros o positivos” queda reducida a un acto de fe. Y el ambiente no se gestiona con fe.
Las fallas detectadas por la Defensoría del Pueblo no son descuidos aislados: configuran un patrón de evaluación ambiental insuficiente, poco transparente y sin perspectiva ecológica real.
La pregunta que abre esta auditoría es urgente y política: ¿Queremos seguir navegando a cualquier costo, o estamos dispuestos a exigir una gestión que ponga en el centro la vida del río y de quienes dependen de él?
Desde La (Re) Verde, creemos que hay otra manera de pensar la Vía Navegable Troncal: una que combine navegación con respeto ambiental, planificación climática, ciencia independiente y participación comunitaria.
El futuro del Paraná —uno de nuestros patrimonios fluviales más valiosos— depende de que no miremos para otro lado.
