Este ensayo examina un problema que excede el debate técnico sobre política económica: por qué el pensamiento económico dominante no solo es incapaz de responder a la crisis ecosocial, sino que contribuye activamente a producirla. El argumento central es que la economía neoclásica —y las tradiciones que la radicalizan, como el neoliberalismo friedmaniano y el anarcocapitalismo austriaco— opera como una gramática que hace invisible aquello que no puede monetizar: los límites biofísicos del planeta, las irreversibilidades ecológicas, las asimetrías de poder que estructuran el acceso a los recursos naturales.
El ensayo recorre tres movimientos. Primero, reconstruye la lógica interna de esa gramática y sus operaciones de invisibilización. Segundo, la confronta con los aportes de la economía ecológica —en particular Georgescu-Roegen y Herman Daly— para mostrar que entre ambas perspectivas no hay una diferencia de matices sino una incompatibilidad estructural: donde una ve escasez gestionable mediante precios, la otra identifica umbrales biofísicos irreversibles. Tercero, territorializa ese contraste teórico en el caso argentino, examinando la expansión del modelo extractivo del litio, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la reciente reforma de la Ley de Glaciares —aprobada en abril de 2026— como expresiones articuladas de un mismo patrón: una transición energética global que se procesa, en la periferia, como profundización de la dependencia y desactivación de los límites ecológicos que frenan esa expansión.
El ensayo no ofrece respuestas cerradas. Pero sostiene que mientras la economía siga pensándose desde esta matriz, la sostenibilidad aparecerá siempre como una restricción externa —nunca como el principio organizador de lo económico— y cada crisis será respondida con más de lo mismo.
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