Carlos MERENSON

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¿Por qué un Manifiesto Ecologista?

Este Manifiesto no se presenta como una utopía distante, sino como la respuesta más realista ante la amenaza de colapso ecosocial que enfrentamos. Como señala el propio texto, aquello que el viejo orden productivista despreció durante décadas como romanticismo antidesarrollista aparece hoy, con evidencia incontestable, como la única senda de supervivencia posible.

Este Manifiesto no es un texto cerrado ni un programa definitivo. Es un documento vivo, abierto a las contribuciones y críticas que colectivos, movimientos, territorios y saberes diversos puedan aportar. La crisis que enfrentamos es multidimensional, y ninguna mirada aislada puede abarcarla en su complejidad. Por eso invitamos a que este Manifiesto sea discutido, ampliado y recreado: que se enriquezca con los saberes campesinos e indígenas, con las luchas feministas y socioambientales, con las prácticas comunitarias y con las investigaciones científicas que revelan los límites del metabolismo económico. Que se alimente, en suma, de la pluralidad de voces que ya ensayan modos de vida posproductivistas.

El documento parte de un diagnóstico radical de la crisis contemporánea y, desde allí, propone una transformación civilizatoria integral.


1. El Diagnóstico: Una Crisis de Civilización, no de Gestión

El Manifiesto sostiene que las múltiples crisis que atravesamos —ambiental, económica, social, sanitaria, energética— no son episodios aislados. Son manifestaciones interconectadas de una misma enfermedad sistémica: el agotamiento histórico de una forma de organizar la vida de manera insostenible. No estamos frente a un problema de mala administración corregible con reformas técnicas, sino ante el límite de un modelo civilizatorio completo.

El texto identifica tres manifestaciones principales de este agotamiento:

  • Cambio climático: evidencia inequívoca de la incompatibilidad entre la “megamáquina moderna” y los ciclos que regulan la biosfera.
  • Declive del modelo energético fosilista: señales cada vez más nítidas de que el pilar energético de la modernidad industrial se agota.
  • Pérdida acelerada de biodiversidad: una tendencia que nos aproxima al sexto evento de extinción masiva.

Este modelo, fundado en la idea de expansión ilimitada, nos ha llevado a una paradoja existencial que el manifiesto resume con precisión:

…si no crece, se derrumba; pero cuanto más crece, más destruye las condiciones que permiten su continuidad.

Al definir la crisis como civilizatoria, el texto desplaza el debate por encima de las políticas ambientales sectoriales. Identifica que el problema no reside solo en lo que hacemos, sino en la lógica que nos impulsa a hacerlo. Por eso no propone reformas marginales, sino un cambio de paradigma: desmontar el productivismo, ideología estructural de la modernidad.


2. La Raíz del Problema: Crítica al Productivismo como Ideología

El Manifiesto identifica al productivismo como el núcleo ideológico de la crisis. Más que una doctrina económica, es un imaginario cultural que ha naturalizado la obsesión por el crecimiento material perpetuo. Se discute la distribución de la riqueza, pero casi nunca la lógica que la produce.

La tradición ecologista —de Georgescu-Roegen a Martínez Alier, Bookchin, Daly, Gorz y Leff— recuerda que la economía es un subsistema de la biosfera, sometido a límites termodinámicos y a la finitud material del planeta. El productivismo ignora esta realidad física.

La ceguera del lenguaje económico se expresa con nitidez en la cita de Giorgio Mosangini:

…en nuestras sociedades no se habla de decrecimiento, disminución o estabilidad en términos económicos. Se habla de ‘crecimiento negativo’ o ‘crecimiento cero’. Algo así como hablar de ‘rejuvenecimiento negativo’ en lugar de envejecimiento…

El Manifiesto desmonta así la promesa tecnocrática del “crecimiento verde” y el “desarrollo sostenible”: intentos de domesticar el sustantivo con un adjetivo sin alterar la estructura del sistema. Frente a esta ideología, se propone una alternativa desde la Ecología Política.


3. La Alternativa: Fundamentos de la Ecología Política

Frente al agotamiento del productivismo, la Ecología Política ofrece una respuesta civilizatoria cuyo principio fundante es simple y disruptivo: la vida precede a la economía. De esta inversión surge una reorganización profunda del sentido, del territorio y de las prioridades colectivas.

El Manifiesto contrapone así dos matrices:

Lógica ProductivistaHorizonte de la Ecología Política
Expansión ilimitadaReconocimiento del límite
Acumulación materialBúsqueda de la suficiencia
Dependencia de cadenas globalesRelocalización y autonomía territorial
Competencia y mercantilizaciónCuidado y cooperación

El objetivo no es un retorno nostálgico al pasado, sino restablecer el orden de prioridades que la modernidad industrial ha invertido: primero la vida, luego la producción; primero el territorio, luego la extracción.

La Ecología Política redefine así la libertad: ya no como emancipación respecto de los límites, sino como capacidad de habitar el mundo sin destruirlo. Conceptos como “límite” o “suficiencia” dejan de ser privaciones para convertirse en las condiciones de una vida digna y perdurable.


4. La Hoja de Ruta: Orientaciones para una Transición Ecosocial

El Manifiesto aclara que no ofrece un recetario técnico: la transición debe construirse democráticamente. En su lugar, propone brújulas para orientar ese proceso:

  1. Reintegrar la economía en la biosfera: abandonar indicadores como el PBI y reemplazarlos por métricas que midan salud territorial, resiliencia ecológica y bienestar real.
  2. Reducir la escala material: sustituir la maximización por la suficiencia; producir lo necesario para vivir bien respetando la capacidad de regeneración planetaria.
  3. Relocalizar y desmercantilizar: fortalecer autonomías territoriales y restituir el carácter de bienes comunes a ámbitos vitales como el agua, la salud y la energía.
  4. Restaurar la habitabilidad: no solo evitar daños, sino priorizar la regeneración activa de ecosistemas como tarea civilizatoria central.

Estas orientaciones muestran que la transición ecosocial no es un ajuste técnico, sino un cambio profundo en cultura, política y valores.


5. Dimensión Global: La Injusticia del Maldesarrollo

El Manifiesto señala que el productivismo funciona como un sistema global de despojo: promete progreso, pero organiza desigualdad. El bienestar del Norte Global se sostiene sobre la extracción de recursos y la externalización de daños hacia el Sur Global.

Desde esta perspectiva surge la noción de deuda ecológica, entendida no como un cálculo contable sino como una responsabilidad histórica. El ejemplo de Argentina ilustra cómo las periferias quedan atrapadas en una matriz extractiva que exporta naturaleza barata y reproduce dependencia. La tesis es contundente:

“Argentina no es inviable. Lo inviable es el modelo que se le impuso.”

De ello se desprende una premisa decisiva: no puede haber justicia social sin justicia ecológica a escala planetaria.


6. Conclusión: Una Convocatoria por la Casa Común

El Manifiesto nos ubica en una encrucijada histórica: persistir en el productivismo hasta el colapso o emprender la tarea de restaurar, cuidar y reconstruir nuestra Casa Común. El ecologismo no se plantea como catastrofismo, sino como esperanza activa y la apuesta más racional por la continuidad de la vida.

La metáfora del Titanic resume el realismo del texto: el choque es inevitable, pero aún podemos organizar el salvamento y construir, simultáneamente, los botes del futuro.

La transición ecosocial no será obra de tecnócratas. Solo será posible si pueblos conscientes deciden vivir bien, con justicia y dentro de los límites del planeta. Esta es la convocatoria final: sanar un mundo herido y reimaginar una existencia más justa, más plena y más perdurable.

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