Comparar las áreas verde oscuras en ambos mapas que muestran el «milagro» de la multiplicación de los bosques nativos entre el primero y el segundo inventario

Carlos Merenson

Introducción

Desde finales del siglo XX, Argentina ha desarrollado dos inventarios nacionales de bosques nativos: el Primer Inventario Nacional (1998–2002) y el Segundo Inventario (2010–2015), a los que se agregan los Ordenamientos Territoriales de Bosques Nativos (OTBN) elaborados por cada provincia en el marco de la Ley 26.331 (2007).

Un fenómeno notable y paradójico emerge de estos registros: la superficie de bosques nativos reconocida oficialmente aumentó de manera significativa entre ambos inventarios, a pesar de que el Segundo adoptó criterios más restrictivos que el primero para incluir áreas bajo la categoría de “bosques nativos”.

Este trabajo analiza brevemente las causas de este “milagro estadístico” y sus implicancias para la gestión forestal y la política ambiental. Para ello, se examinan las definiciones, metodologías y motivaciones institucionales que dieron forma a cada una de las evaluaciones.

Definiciones y metodologías

El Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos (1998–2002) estableció los siguientes criterios para la categoría “bosques nativos”:

  • Cobertura mínima: 10%
  • Altura mínima de especies leñosas: 3 m
  • Área mínima: 1 ha

El Segundo Inventario Nacional (2010–2015) adoptó parámetros más restrictivos:

  • Cobertura mínima: 20%
  • Altura mínima: 5 m
  • Área mínima: 1 ha

Los Ordenamientos Territoriales de Bosques Nativos (OTBN), elaborados por provincias bajo la Ley 26.331, introdujeron un enfoque flexible, permitiendo la inclusión de formaciones heterogéneas: jarillales, algarrobales dispersos, matorrales andinos, renovales y monte árido degradado. La razón de esta flexibilidad no fue neutra: la superficie reconocida de bosques nativos se vinculaba directamente con la distribución del Fondo Nacional previsto por la ley.

CriterioCobertura mínimaAltura mínimaÁrea mínimaRestricción
Primer Inventario (1998–2002)10%3 m1 haInclusivo
OTBN provincial≥10–20% (variable)3–5 m0,2–0,5 haIntermedio, flexibilidad local
Segundo Inventario (2010–2015)20%5 m1 haMás restrictivo

Resultados comparativos

Los datos por provincia muestran un fenómeno sin precedentes: lejos de disminuir, como cabría esperar en un país con altas tasas de deforestación, la superficie oficial de bosques aumenta vertiginosamente.

En términos nacionales:

  • Primer Inventario (1998–2002): 32,34 millones ha
  • Segundo Inventario (2010–2015): 46,12 millones ha
  • OTBN provinciales (2007–): 52,90 millones ha

Esto supone un incremento de 13,78 millones ha entre el primer y el segundo inventario, y de 20,56 millones ha entre el primero y los OTBN.

Discusión crítica

La aparente multiplicación de los bosques nativos en Argentina no refleja un proceso ecológico real de regeneración, sino un fenómeno construido por la interacción entre metodología, incentivos económicos y políticas públicas.

  • Desde la perspectiva de Georgescu-Roegen y Martínez Alier, el caso ilustra cómo los sistemas contables pueden crear ficciones estadísticas que ocultan procesos materiales de degradación.
  • En línea con Leff y Escobar, se observa cómo el conocimiento técnico-estadístico está atravesado por relaciones de poder: los gobiernos provinciales encontraron en la Ley 26.331 un incentivo para ampliar cartográficamente la noción de “bosque nativo”.
  • A nivel internacional, la situación argentina recuerda los debates sobre las definiciones de “bosque” de la FAO, que incluyen plantaciones industriales y han sido criticadas por autores como Dobson y Brown por invisibilizar la pérdida de biodiversidad real bajo un discurso de “recuperación forestal”.

Un detalle revelador es que las mayores diferencias no se registran en el norte argentino —donde se concentran los principales bosques nativos (Parque Chaqueño, Yungas y Selva Misionera)— sino en regiones como el Monte, el Espinal y los Bosques Andino Patagónicos, donde la flexibilidad metodológica permitió incorporar coberturas vegetales dispersas o degradadas.

En este sentido, el “milagro” argentino se presenta como un milagro metodológico, resultado de:

  1. La ampliación de categorías de “bosque” en los OTBN.
  2. La incorporación de cartografía provincial de los OTBN en el Segundo Inventario.
  3. La desconexión entre criterios estadísticos y procesos ecológicos observados satelitalmente, que muestran deforestación continua.

Conclusiones

El aumento de superficie de bosques nativos entre el Primer y Segundo Inventario y los OTBN no representa una recuperación forestal real, sino una construcción estadística con profundas implicancias políticas:

  • Distorsión en la percepción pública: la ilusión de abundancia puede debilitar la urgencia de políticas de conservación.
  • Debilitamiento de la política forestal: si las cifras oficiales contradicen la realidad empírica, se erosiona la credibilidad institucional.
  • Asignación ineficiente de fondos: los incentivos económicos terminan premiando la expansión cartográfica antes que la protección efectiva.
  • Riesgo estratégico: frente a escenarios de crisis climática y pérdida de biodiversidad, subestimar la gravedad de la deforestación implica hipotecar el futuro ecológico del país.

En palabras de Commoner, “la primera ley de la ecología es que todo está conectado con todo lo demás”. En este caso, lo que parece un triunfo estadístico oculta una derrota ecológica: la Argentina no está multiplicando sus bosques, sino multiplicando las formas de contarlos.