Autor: Carlos Merenson[i]

Introducción

La reciente publicación del Primer Informe sobre Regresiones Ambientales en Argentina, coordinado por Maristella Svampa y presentado en agosto de 2025, constituye un valioso y necesario diagnóstico de la situación ecológica crítica que atraviesa el país. A partir de diez ejes temáticos —que abarcan desde el desmantelamiento de instituciones ambientales hasta la expansión sin control del extractivismo— el informe documenta con rigor y claridad la profundización del deterioro ambiental, institucional y democrático impulsado por el actual gobierno.

Este trabajo, que combina el conocimiento técnico con el compromiso político, tiene el mérito de poner en agenda no sólo los hechos, sino también sus consecuencias estructurales: la regresión ambiental en curso no es un conjunto de decisiones aisladas, sino la expresión coherente de un modelo de país al servicio de intereses económicos específicos y sostenido por una doctrina ideológica regresiva.

En este marco, el presente artículo se propone aportar una lectura desde la Ecología Política orientada a esclarecer las causas ideológicas profundas que explican el actual estado de cosas. La hipótesis es clara: el anarcocapitalismo promovido por el gobierno de Javier Milei no solo es funcional a los intereses del capital local y transnacional, sino que requiere negar la crisis ambiental para sostener la ficción de que el “mercado absolutamente libre” es compatible con la vida en común y la sustentabilidad del planeta.

Más aún, se puede afirmar que la regresión ambiental que vive Argentina no es un accidente ni un costo imprevisto, sino una consecuencia inevitable del proyecto político-económico del anarcocapitalismo, que lleva a su máxima expresión la lógica del neoliberalismo: privatización de los bienes comunes, mercantilización de la naturaleza, subordinación de lo público a lo corporativo y criminalización de las resistencias. En este análisis, resulta útil establecer un paralelo con el trumpismo estadounidense, fuente de inspiración del anarcocapitalismo vernáculo y su alianza con el neoliberalismo macrista.

Las causas ideológicas de la regresión ambiental

El corazón ideológico del anarcocapitalismo radica en la creencia ciega en el mercado como único mecanismo legítimo de organización social. En este marco, la crisis ambiental —con su demanda de límites, regulación, responsabilidad colectiva e intervención estatal— aparece como una anomalía ideológica, incompatible con los fundamentos del sistema.

Reconocer la crisis climática y ecológica implica aceptar que el capitalismo en estado puro ha fracasado en su promesa de bienestar universal. Por eso, el anarcocapitalismo no puede sino adoptar una posición negacionista, no solo respecto al cambio climático, sino también frente a la contaminación, el colapso de la biodiversidad, la desertificación o el agotamiento de recursos. El negacionismo no es ignorancia: es una necesidad doctrinaria. Aceptar la gravedad de las crisis ambientales significaría abrir la puerta a cuestionamientos estructurales del sistema que defienden.

A este marco se suma la funcionalidad directa a intereses corporativos nacionales e internacionales. Las corporaciones transnacionales de energía, minería y agronegocio encuentran en este gobierno una puerta abierta para profundizar la explotación de bienes comunes con menos costos y más garantías de impunidad. Los grupos económicos locales ligados al capital agroexportador, la especulación inmobiliaria y el lobby industrial ven en el Estado desregulador un campo fértil para maximizar beneficios. En el plano internacional, organismos financieros como el FMI sostienen esta política en tanto favorece el pago de deuda mediante más extractivismo, incluso a costa del colapso ecológico.

El paralelismo con Donald Trump es claro: ambos gobiernos rechazan la ciencia climática, desmantelan estructuras ambientales y colocan al Estado al servicio del capital concentrado. Ambos apelan a un discurso antiélite mientras consolidan alianzas con los sectores más poderosos. Y ambos promueven un populismo autoritario neoliberal que desactiva derechos y profundiza la devastación ecológica en nombre del progreso. El anarcocapitalismo argentino puede leerse, así, como un trumpismo adaptado al sur global.

Una oportunidad para el campo nacional y popular

Paradójicamente, el escenario de regresión ambiental no solo representa un retroceso en derechos y en protección de los bienes comunes; también puede convertirse en un momento de inflexión para el campo nacional y popular. Al confrontar una política que lleva al extremo la mercantilización de la naturaleza, se hace evidente la urgencia de revisar críticamente las propias herencias ideológicas y estratégicas.

Durante décadas, buena parte del pensamiento y la praxis política nacional-popular se ha mantenido atada a estructuras productivistas y a un desarrollismo anacrónico que mide el éxito exclusivamente en términos de crecimiento del PBI, industrialización sin límites y expansión de la frontera extractiva. Si bien este paradigma fue históricamente funcional para la construcción de soberanía frente a poderes externos, en el contexto actual de crisis socioambiental global se revela insostenible e incompatible con la justicia ecosocial.

La ofensiva anarcocapitalista, al despojar de toda máscara el núcleo destructivo del capitalismo contemporáneo, ofrece la posibilidad de un replanteo profundo del proyecto nacional-popular. Enfrentar esta regresión ambiental implica no solo resistir los embates neoliberales, sino también liberarse de las inercias productivistas propias: reconocer que no habrá justicia social sin justicia ambiental, y que el bienestar colectivo no puede construirse sobre la devastación de los ecosistemas.

Este es un momento histórico para redefinir el horizonte de desarrollo hacia modelos que integren la soberanía económica con la sostenibilidad ecológica y la democracia participativa. La Ecología Política brinda herramientas para esa síntesis: pone en cuestión el mito del crecimiento ilimitado, recupera saberes territoriales, y plantea que la defensa de los bienes comunes es inseparable de la defensa de la patria.

La libertad que proclama el anarcocapitalismo es, en los hechos, la libertad de los más fuertes para destruir sin consecuencias. La regresión ambiental no es un daño colateral, sino el precio deliberado que se está dispuesto a pagar para sostener un modelo que beneficia a unos pocos.

Frente a esto, la Ecología Política ofrece no solo un marco crítico, sino también una orientación ética y política: construir una sociabilidad convivencial y un desarrollo verdaderamente sostenible, lo cual implica enfrentar los fundamentos destructivos de este sistema y disputar el sentido mismo del progreso, el desarrollo y la libertad.

Si el campo nacional y popular asume el desafío de articular justicia social y justicia ambiental, no solo podrá frenar la regresión actual, sino también fundar un nuevo ciclo histórico, liberado de las ataduras del productivismo y capaz de pensar el bienestar desde y para la vida.

Lecturas complementarias:

EL EXPERIMENTO ANARCOCAPITALISTA EN ARGENTINA: HACIA UNA SÍNTESIS ECOSOCIAL COMO ALTERNATIVA: https://carlosmerenson.blogspot.com/2025/05/blog-post_31.html

PRESIDENTE MILEI: LA CIENCIA Y LOS DATOS NO ESTÁN DEL LADO NEGACIONISTA: https://carlosmerenson.blogspot.com/2025/01/presidente-milei-la-ciencia-y-los-datos.html

LA BARBARIE ECOSOCIAL COMO TESIS, EL PENSAMIENTO NACIONAL COMO ANTÍTESIS: https://carlosmerenson.blogspot.com/2024/10/la-quinta-republica-neoliberal-en.html

NEGACIONISMO AMBIENTAL ANARCOCAPITALISTA: https://carlosmerenson.blogspot.com/2024/06/negacionismo-ambiental-anarcocapitalista.html


[i] Este texto fue elaborado por Carlos Merenson con apoyo de herramientas de inteligencia artificial utilizadas para la edición, corrección y estructuración del contenido.