Carlos Merenson

Para proyectar una mirada ecologista sobre la opción electoral entre Javier Milei, autodefinido como anarcocapitalista y Sergio Massa, al que se puede calificar como neodesarrollista, resulta conveniente analizar la manera en la que ambos candidatos se posicionan respecto de los seis principios que rigen las políticas del movimiento Verde,[1] a saber:

  • Justicia social

El ecologismo sostiene que la llave a la justicia social es la distribución equitativa de los recursos naturales y sociales, tanto localmente como globalmente, para satisfacer las necesidades humanas básicas incondicionalmente, y para asegurar que todos los ciudadanos tienen plenas oportunidades para su desarrollo personal y social.

  • Respeto por la diversidad

El ecologismo honra la diversidad cultural, lingüística, étnica, sexual, religiosa y espiritual dentro del contexto de la responsabilidad individual hacia todos los seres. Defiende el derecho de todas las personas, sin discriminación, a un ambiente que respalde su dignidad, salud corporal y bienestar espiritual. Promueve la construcción de relaciones respetuosas, positivas y responsables en el espíritu de una sociedad multicultural.

  • No violencia

El ecologismo declara su compromiso por la no violencia y se esfuerza por una cultura de paz y cooperación entre los estados, dentro de las sociedades y entre los individuos, como la base de la seguridad global. El ecologismo cree que la seguridad no debe descansar principalmente en la fuerza militar sino en la cooperación, desarrollo económico y social legítimo, la seguridad medioambiental y el respeto por los derechos humanos.

  • Democracia Participativa

El ecologismo lucha por una democracia en la cual todos los ciudadanos tengan el derecho de expresar sus puntos de vista, y sean capaces y libres de participar directamente en las decisiones ambientales, económicas, sociales y políticas que afectan sus vidas; para que el poder y responsabilidad sean concentrados en las comunidades locales y regionales, y se devuelvan hacia niveles más altos de gobierno sólo cuando sea esencial que así sea.

  • Sostenibilidad

El ecologismo reconoce el campo limitado para la expansión material de la sociedad humana dentro de la biosfera, y la necesidad de mantener la biodiversidad a través del uso sustentable de los recursos renovables y del uso responsable de recursos no-renovables. Cree que, para lograr la sostenibilidad, y para proveer las necesidades de las generaciones presentes y futuras dentro de los recursos finitos de la tierra, la continuidad del crecimiento en el consumo global, de la población y la falta de equidad material debe ser detenida y reversada. Reconoce que la sostenibilidad no será posible si la pobreza persiste.

  • Sabiduría ecológica

El ecologismo reconoce que los seres humanos son parte del mundo natural y respetan los valores específicos de todas las formas de vida, incluso las especies no-humanas. Reconoce la sabiduría de las gentes indígenas del mundo, como custodios de la tierra y sus recursos. Reconoce también que la sociedad humana depende de los recursos ecológicos del planeta, y debe asegurar la integridad de ecosistemas y biodiversidad y la resiliencia de los sistemas de soporte de la vida.

Milei ha hecho propia y difunde una ideología de extrema derecha que, a nivel mundial y en cualquiera de sus variantes, ha merecido el rechazo por parte del ecologismo. Las propuestas políticas, económicas y sociales que impulsa, claramente se encuentran en las antípodas de los principios antes mencionados. Su calificación del concepto de Justicia Social como aberración habla por sí sola, como también lo hace el negacionismo con el que reivindica a los genocidas de la última dictadura cívico-militar y su propuesta de profundizar la grieta abierta en la sociedad argentina con frases cargadas de odio y violencia, que también emplea para descalificar a quienes no comparten sus ideas. Sumando a lo anterior un discurso negacionista ambiental con el que caracteriza al cambio climático como invento del socialismo, mientras que -coherente con su fundamentalismo de mercado- deposita su indeclinable fe en la mano invisible para resolver todos y cualquiera de los problemas ambientales llegando a proponer la privatización del mundo natural como solución universal.

Descartada de plano la opción por Milei, cabe entonces concentrar el análisis en Sergio Massa cuyas propuestas socioeconómicas, como se afirma en la plataforma política de Unión por la Patria, tienen como objetivo alcanzar la anhelada Justicia Social para lo cual se otorga al Estado un papel central, no creyendo que el mercado pueda resolverlo todo, ni que las instituciones deban limitarse solamente a garantizar la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos. Su discurso en nada se contrapone con principios de la política verde como el respeto por la diversidad; la no violencia y la democracia participativa. No ocurre lo mismo en cuanto a la sabiduría ecológica y la sostenibilidad donde, si bien reconoce la existencia de las globalizadas crisis ambientales, su postura neodesarrollista lo conduce a incentivar actividades extractivistas que -paradójicamente- contribuyen significativamente a la ocurrencia de tales crisis.

No obstante, Sergio Massa se ha comprometido a liderar un gobierno de unidad nacional caracterizado por el diálogo, la convivencia democrática y la búsqueda de consensos para enfrentar los desafíos que tenemos por delante; abriendo de esta manera las puertas para poder influir en los procesos democráticos de toma de decisiones, debatiendo sobre:

  • Los riesgos potenciales que pueden tornar insostenible al neodesarrollismo: su transformación sistémica en crecimientismo y la ignorancia o menosprecio por la fundamental e insalvable contradicción entre capital y naturaleza.
  • Las características inherentes al sistema-mundo productivista, que lo hacen tender continuamente a la acumulación y concentración, transformando los procesos de desarrollo en meros procesos de crecimiento, más allá de la voluntad política de los ideólogos e impulsores de los neodesarrollismos de turno. Crecimientismo que termina concentrando los beneficios del desarrollo para pocos y externalizando sus costos en el grueso de la sociedad, profundizando las diferencias, tanto dentro como entre países.
  • La necesidad de planificar la manera en la que se pueda salir -lo antes posible- de las estrategias extractivistas que, inevitablemente, nos conducen a la insostenibilidad, multiplicando los problemas que se pretendían resolver con el agravante de un deterioro natural que hará imposible resolverlos.
  • La necesidad de cambiar la anacrónica visión desarrollista por la de un «ecodesarrollo» en el que la producción, el consumo, la organización y desarrollo tecnológico puedan satisfacer las necesidades esenciales, racionando el consumo de recursos naturales y disminuyendo al mínimo posible la contaminación ambiental; un ecodesarrollo orientado por el principio de la justicia social, en armonía con la naturaleza y no en una guerra contra ella, un ecodesarrollo humanista en el que la ciencia y la técnica se reorienten dentro de los criterios ecológicos que garantizan la reproducción del capital natural, dejando de estar al servicio de una lógica de infinita acumulación del capital económico, que nunca derrama y que además aliena, destruye la naturaleza y envenena el ambiente. Un ecodesarrollo basado en economías más locales, centradas en las comunidades y con un poder político que esté realmente más cercano a la población. Un ecodesarrollo en el que cobran relevancia cuatro ineludibles procesos de transición: energética, agroalimentaria, productiva y ecológica.
  • La necesidad de encaminarnos hacia una transición ecosocial capaz de transformar en hechos las políticas destinadas a construir una patria socialmente justa, económicamente independiente, políticamente soberana y ecológicamente prudente.

En este ballottage se enfrentan, por un lado, una extrema derecha coaligada con la derecha tradicional y, por otro lado, el neodesarrollismo coaligado con diferentes expresiones del campo nacional y popular.

Para el ecologismo, las diferencias ideológicas con la extrema derecha resultan irreconciliables en tanto que, con el neodesarrollismo, además de algunas coincidencias básicas, el clima de convivencialidad que puede generar el gobierno de Unidad Nacional que proponen, deja espacio suficiente para debatir sobre las disidencias, particularmente en cuanto a las políticas extractivistas con las que se pretende avanzar. Así las cosas, el ecologismo tiene el deber ético, moral e ideológico de oponerse al avance de la extrema derecha y, en consecuencia, de adoptar una posición proactiva en favor de Sergio Massa en tanto -en las actuales circunstancias- la abstención o el voto en blanco no garantizan su triunfo.


[1] https://globalgreens.org/wp-content/uploads/2020/04/GG_charter_2001_espanol.pdf